De decepción en decepción: agosto no está siendo un buen mes para el cine y las series
Agosto vuelve a quedarse corto
Agosto nunca me ha parecido un gran mes para las plataformas. Es una sensación que se repite prácticamente cada año: llega el verano, mucha gente dispone de más tiempo libre y, paradójicamente, los grandes estrenos parecen reservarse para septiembre, octubre y el tramo final del año. Seguramente las plataformas tengan números que justifiquen esta estrategia. Habrá más viajes, más playa, más comidas familiares y menos horas delante del televisor. Pero desde el punto de vista del espectador que mantiene sus hábitos durante todo el año, la sensación es bastante frustrante.
Este agosto está siendo especialmente complicado. No porque no haya cosas que ver, sino porque prácticamente todo lo que voy viendo termina dejándome la misma sensación: esperaba algo más. Algunas producciones partían con expectativas muy bajas y ni siquiera así consiguen sorprender. Otras tenían nombres, repartos o responsables suficientes para esperar bastante más de ellas.
Caminando con el Diablo, La Fiera, The Shards y Linternas son cuatro propuestas completamente diferentes, pero todas terminan encontrándose en un mismo lugar: ninguna está consiguiendo ofrecerme aquello que esperaba encontrar.
📊 Vista Rápida
🎬 Concepto: Repaso crítico a algunos de los principales estrenos vistos durante agosto.
🧠 Enfoque: Cuatro producciones diferentes unidas por una misma sensación de oportunidad desaprovechada.
⚡ Tono: Crítico, personal y directo.
⭐ Nivel: Un mes que, de momento, está dejando muchas más decepciones que recomendaciones.
🧩 Contexto: Caminando con el Diablo, La Fiera, The Shards y Linternas protagonizan este primer balance de agosto.
Caminando con el Diablo: tener buenos actores no sirve si no los aprovechas
Caminando con el Diablo tiene una virtud que conviene señalar antes que cualquier otra cosa: dura apenas 84 minutos. Eliminando créditos, estamos hablando de aproximadamente ochenta minutos de película. Cuando una propuesta no termina de funcionar, al menos agradecer que no se alargue innecesariamente parece justo.
No puedo decir que me haya decepcionado porque realmente esperaba muy poco de ella. Lo sorprendente es comprobar algunas de las valoraciones positivas que está recibiendo, porque personalmente me cuesta encontrar argumentos suficientes para recomendarla.
Y eso que parte con dos intérpretes que deberían haber sido suficientes para elevar considerablemente el resultado: Tamar Novas y Marina Salas.
Tamar Novas es uno de esos actores cuyo nombre quizá no todo el mundo relaciona inmediatamente con su cara, pero cuya trayectoria habla por sí sola. Lo hemos visto en producciones como Mar adentro, La lengua de las mariposas o más recientemente Clanes. Tiene además una capacidad especialmente interesante para interpretar personajes inquietantes, atormentados o directamente siniestros.
Precisamente por eso sorprende todavía más que la película no consiga aprovecharlo.
Algo parecido sucede con Marina Salas. Es una actriz que ha demostrado en numerosas ocasiones que puede rendir prácticamente en cualquier registro. Aquí tiene un personaje importante dentro de la historia, pero la película consigue algo difícil: hacer que esa importancia apenas se traduzca en presencia real.
El problema no está en ellos. Está en una película incapaz de sacar partido a aquello que tiene delante.
Cuando dispones de dos intérpretes con estas posibilidades y terminas la película pensando que cualquiera podría haber ocupado sus lugares, algo ha fallado. Y bastante.
La Fiera y el problema de romper la ilusión
Con La Fiera esperaba bastante más.
No considero que sea una mala película. Tiene un reparto muy potente, una historia con posibilidades y un componente de riesgo extremo que debería proporcionar algunas secuencias espectaculares. Carlos Cuevas, Miguel Bernardeau, Miguel Ángel Silvestre o José Manuel Poga forman un grupo de actores suficientemente interesante como para esperar algo importante.
Pero volvemos a encontrarnos con un problema parecido: tienes buenos intérpretes y no terminas de aprovecharlos.
Especialmente llamativo resulta José Manuel Poga. Es uno de esos actores que pueden llenar una escena con muy poco y aquí vuelve a quedar la sensación de que podría haberse sacado muchísimo más partido de él.
Sin embargo, el mayor problema de La Fiera aparece cuando llega aquello que precisamente debería diferenciarla: las escenas de riesgo.
La película gira alrededor de personajes vinculados a deportes extremos, especialmente saltos y vuelos a velocidades enormes. Muchas de las imágenes exteriores son espectaculares y se nota que existe un trabajo real detrás. Precisamente por eso cuesta entender que algunos primeros planos destruyan completamente esa sensación.
Si alguien está cayendo a una velocidad brutal, su cuerpo tiene que transmitirlo. La cara, la ropa, el movimiento, la tensión muscular… algo debe hacernos creer que realmente está sucediendo.
En determinados momentos ocurre justo lo contrario. Los personajes parecen prácticamente inmóviles mientras supuestamente atraviesan el aire a una velocidad enorme. El resultado no transmite peligro: transmite artificio.
Hay otra escena de escalada donde sucede algo parecido. El personaje debería estar soportando todo el peso de su cuerpo mientras se agarra a una pared, pero el primer plano transmite una relajación física incompatible con aquello que estamos viendo.
Pueden parecer detalles pequeños, pero precisamente una película construida alrededor del riesgo necesita cuidar obsesivamente esos detalles.
Cuando dejas de creer que alguien está realmente en peligro, desaparece buena parte de la emoción que la película pretende generar.
The Shards: a Ryan Murphy hay que exigirle mucho más
La decepción con The Shards es diferente porque aquí existe un elemento que eleva automáticamente las expectativas: Ryan Murphy.
No estamos hablando de un creador desconocido al que podamos conceder varios episodios para encontrar el tono. Murphy lleva años demostrando una capacidad enorme para crear productos visualmente potentes, provocadores y con una personalidad inmediatamente reconocible.
Precisamente por eso hay que exigirle más.
Tras cuatro episodios, The Shards continúa avanzando a una velocidad desesperadamente baja. Estamos hablando de una producción planteada alrededor de ocho capítulos. Haber consumido prácticamente la mitad de la historia y seguir teniendo la sensación de que apenas han ocurrido cosas es preocupante.
Incluso el episodio piloto carecía de esa energía que normalmente esperamos de una producción de estas características.
Un piloto no tiene obligación de explicarlo todo, pero sí tiene una responsabilidad fundamental: conseguir que quieras ver el segundo episodio.
The Shards parece confiar demasiado en su atmósfera, en su puesta en escena y en el prestigio del nombre que tiene detrás. Visualmente funciona. La escenografía está cuidada y técnicamente encontramos muchos de los elementos que asociamos al universo de Murphy.
Pero falta historia.
Faltan acontecimientos, tensión y esa sensación de que cada episodio está haciendo avanzar realmente el conjunto.
Si exactamente este mismo producto llevara la firma de un creador novel, posiblemente hablaríamos de una serie simplemente correcta. Pero las expectativas también forman parte de la valoración de una obra. Cuando Ryan Murphy firma una miniserie, espero algo más que corrección estética.
Quedan cuatro episodios y todavía existe margen para remontar. El problema es que ya hemos gastado media temporada esperando que eso ocurra.
Linternas y una pregunta cada vez más incómoda para DC
Y llegamos a Linternas.
Aquí el problema va mucho más allá de una única serie porque DC arrastra desde hace tiempo una dinámica muy peligrosa. Cada nuevo estreno parece llegar acompañado de la misma pregunta: ¿será esta vez cuando consigan acertar?
El primer episodio de Linternas tiene elementos interesantes. El reparto funciona, existen algunas ideas prometedoras y hay pequeños momentos capaces de despertar curiosidad.
El problema es todo lo que sucede entre esos momentos.
La inmensa mayoría del episodio resulta demasiado lenta. Hay muy pocas cosas verdaderamente relevantes para un capítulo que tiene precisamente la obligación de presentar su universo y conseguir que el espectador quiera continuar.
Un primer episodio puede ser pausado. Puede construir personajes. Puede incluso evitar deliberadamente la acción. Pero necesita ofrecer algo a cambio. Intriga, personalidad, diálogos extraordinarios, tensión o simplemente la sensación de que estamos entrando en un mundo que merece ser descubierto.
Linternas, al menos en su estreno, ofrece demasiado poco.
Y eso vuelve a poner el foco inevitablemente sobre el estado general de DC.
El problema de DC no son sus personajes
Resulta demasiado sencillo culpar a los personajes. DC tiene algunos de los superhéroes más reconocibles de la cultura popular: Superman, Batman, Wonder Woman, Flash o Aquaman son iconos que prácticamente no necesitan presentación.
El problema nunca ha sido disponer de buenos personajes.
El problema es encontrar buenas historias para ellos.
James Gunn asumió una enorme responsabilidad al convertirse en una de las principales figuras de esta nueva etapa. Su trayectoria justificaba perfectamente la confianza. Guardianes de la Galaxia demostró su capacidad para convertir personajes relativamente desconocidos para el gran público en figuras extremadamente populares.
Por eso resulta especialmente frustrante que DC continúe transmitiendo una sensación de irregularidad.
No se trata de pedir que DC copie a Marvel. De hecho, probablemente sería un error. Ambos universos tienen personalidades diferentes y deberían conservarlas.
Pero Marvel sí ha demostrado durante muchos años algo fundamental: saber construir una estrategia alrededor de sus personajes y conseguir que el espectador tenga interés en descubrir cuál será el siguiente paso.
DC continúa buscando esa estabilidad.
Y mientras no encuentre buenos guiones y una dirección realmente clara para su universo, da igual cuántas veces reinicie sus personajes o cambie las caras responsables del proyecto.
Un gran personaje nunca puede compensar indefinidamente una historia mediocre.
Cuatro decepciones diferentes y un mismo problema
Lo curioso es que Caminando con el Diablo, La Fiera, The Shards y Linternas no tienen prácticamente nada en común.
Una desaprovecha a sus actores. Otra rompe la credibilidad precisamente en las escenas que deberían ser su gran atractivo. Otra confía demasiado en la estética y demasiado poco en hacer avanzar la historia. Y la última vuelve a plantear dudas sobre un universo que lleva demasiado tiempo intentando encontrar su rumbo.
Sin embargo, todas terminan provocando exactamente la misma sensación: podrían haber sido mucho mejores.
Y probablemente esa sea una de las peores sensaciones que puede dejar una película o una serie.
Una producción claramente mala se olvida rápidamente. Una obra que tiene actores, presupuesto, ideas y talento suficientes para funcionar pero no consigue juntar todas esas piezas resulta mucho más frustrante.
Agosto todavía tiene tiempo para remontar.
De momento, sin embargo, estamos yendo de decepción en decepción. Y viendo cómo ha empezado el mes, septiembre empieza a parecer cada vez más atractivo.
Para continuar el recorrido, puedes leer también mi balance posterior de agosto, con las sorpresas y decepciones que llegaron después.
Para contrastar estas decepciones con una selección de series que sí nos han convencido, puedes consultar nuestro ranking de series de 2025. El fenómeno de alargar franquicias también lo analizamos en cuándo debería terminar una gran serie.
