Casa en llamas: una de las películas nacionales más potentes de los últimos años
Da igual si la llamas Casa en flames, Casa en llamas o incluso La casa en llamas (aunque esta última no sea del todo correcta). Al final hablamos del mismo producto: una de las películas nacionales más interesantes que se han estrenado en los últimos años.
En octubre de 2024, cuando escribí esta crítica, me sorprendió que la película llegara a Netflix mientras todavía se proyectaba en cines. No dispongo de datos verificables sobre cuánto pagó la plataforma por su distribución, por lo que no sería correcto afirmar una cifra ni deducir las condiciones económicas del acuerdo. Sí se hizo pública la controversia sobre el doblaje, que comento más adelante.
Una historia incómoda y muy reconocible
Casa en flames nos presenta a Montse, interpretada por una gigantesca Emma Vilarasau, una mujer divorciada que organiza un fin de semana familiar en su casa de Cadaqués.
Sus hijos ya son adultos, viven su vida y apenas le prestan atención. Montse, incapaz de aceptar ese desplazamiento emocional, intenta recuperar desesperadamente el rol central que tuvo en su familia durante años. Lo que debería ser un encuentro agradable acaba convirtiéndose en una sucesión de tensiones, reproches y silencios incómodos.
La película habla de soledad, envejecimiento, dependencia emocional y del miedo a dejar de ser necesaria. Todo desde un prisma muy cotidiano, sin artificios, y con una mezcla de drama y humor que funciona sorprendentemente bien.
Un reparto de enorme nivel
Estamos ante una producción catalana, rodada en Catalunya y con un reparto muy potente. Junto a Emma Vilarasau destacan Enric Auquer, Alberto San Juan y Macarena García, las caras más reconocibles a nivel estatal.
El resto del elenco quizá no sea tan conocido fuera de Catalunya, pero está a un nivel altísimo. Y eso se nota. La naturalidad de los diálogos, los silencios incómodos y las miradas dicen más que muchos monólogos.
Aquí no hay personajes grandilocuentes. Hay personas reales.
El tema del doblaje: la gran polémica
Este es uno de los puntos más controvertidos de Casa en flames.
La película está rodada en catalán y, personalmente, solo la concibo en versión original. No porque sea purista, sino porque verla doblada me resulta artificial, incómoda y poco creíble.
Según explicó Emma Vilarasau en una entrevista recogida por RAC1, el reparto no quería doblar la película al castellano, porque consideraba importante conservar los matices de su bilingüismo y porque doblarse a sí mismos no era su especialidad. Se preparó esa versión para Netflix, aunque también se ofrecía la versión original. Personalmente, prefiero escucharla en sus idiomas originales.
Curiosamente, aceptamos sin problema el doblaje de cine estadounidense, francés o italiano, pero cuando el idioma original es cercano, el efecto se multiplica. Es una paradoja muy interesante… y muy real.
Dani de la Orden: uno de sus trabajos más sólidos
Con solo 35 años, Dani de la Orden ya acumula una filmografía extensísima. Muchos lo conocen por Élite, aunque no sea precisamente su obra más destacable en términos de calidad.
Aquí está mucho más cerca de lo mejor de su carrera, junto a 42 segundos. Su gran virtud en Casa en flames es el control del tono: sabe cuándo apretar emocionalmente y cuándo aliviar con humor, sin romper nunca la coherencia del relato.
Además, ya se ha confirmado que habrá una continuación titulada Casa en cenizas, algo que abre muchas posibilidades narrativas.
🔹 Apunte curioso
Aunque la historia sitúa la vivienda familiar en Cadaqués, las escenas de la casa se rodaron en una vivienda real de Canet de Mar. El propio director Dani de la Orden explicó el uso de esa localización, elegida por su aspecto y sus posibilidades de rodaje.
¿Vale la pena verla?
Sin ninguna duda.
Casa en flames es una película que incomoda, emociona y deja poso. Está llena de situaciones cotidianas que todos hemos vivido o vivido de cerca, y eso la hace especialmente potente.
Mi recomendación es clara: verla en versión original si tienes la opción. No porque el doblaje sea “malo” en términos técnicos, sino porque pierde verdad.
A día de hoy, y aunque aún queda año por delante, me cuesta imaginar una película nacional que la supere. No es una historia amable, pero sí profundamente honesta. Y eso, en el cine actual, es un valor enorme.
Si quieres comparar esta recomendación con el resto del cine de aquel año, consulta mi balance personal de las mejores películas de 2024.
Para seguir explorando el cine reciente que pone a sus personajes ante situaciones familiares incómodas, puedes leer la crítica de Salve María. Otra experiencia más extrema, desde una perspectiva muy distinta, es La sustancia.
Para seguir explorando el cine español que retrata relaciones difíciles y tensiones sociales, puedes leer también la crítica de La deuda, de Daniel Guzmán.
