El Pingüino: crítica de la serie de HBO Max con Colin Farrell
Una serie que no estaba llamada a ser tan buena
Hay producciones que llegan acompañadas de una expectación enorme y otras que parecen destinadas a funcionar simplemente como complemento de algo más importante. El Pingüino pertenecía inicialmente a ese segundo grupo. Nació como una extensión del universo construido alrededor de The Batman, centrada en un personaje secundario y con apariencia de proyecto diseñado para mantener vivo Gotham entre películas.
El resultado terminó siendo bastante más interesante. Lo que podía haberse quedado en un simple spin-off consiguió desarrollar identidad propia, personajes con suficiente profundidad y una historia capaz de sostenerse sin necesidad de recurrir constantemente a Batman.
Y quizá esa sea su principal victoria. El Pingüino no funciona porque pertenezca al universo DC. Funciona porque, por encima de cualquier franquicia, termina siendo una muy buena serie.
Precisión sobre el personaje: en los cómics suele llamarse Oswald Cobblepot, pero la versión de Colin Farrell dentro del universo de Matt Reeves se llama Oz Cobb, tal como recoge la presentación oficial de HBO Max España.
📊 Vista Rápida
🎬 Concepto: Un drama criminal ambientado en Gotham y construido alrededor del ascenso de Oz Cobb.
🧠 Enfoque: Analizar por qué un spin-off aparentemente secundario consigue sostenerse por sí mismo.
⚡ Tono: Oscuro, violento y opresivo, heredero de The Batman pero con identidad propia.
⭐ Punto fuerte: Colin Farrell, Cristin Milioti y unos secundarios que convierten la serie en algo mucho mayor de lo esperado.
🧩 Contexto: Una historia situada dentro del universo de Gotham que demuestra que Batman no necesita estar presente para que ese mundo resulte interesante.
¿Miniserie o una historia con espacio para crecer?
El Pingüino fue concebida como una historia limitada y una de sus mayores virtudes está precisamente en que puede disfrutarse como una obra con entidad propia. No transmite esa sensación tan habitual de determinadas producciones construidas únicamente para preparar el siguiente proyecto de una franquicia.
Existe un comienzo, un desarrollo y una evolución suficientemente claros como para que todo el recorrido tenga sentido por sí mismo. Al mismo tiempo, el mundo que construye dispone de suficientes personajes, conflictos y posibilidades como para imaginar nuevas historias si alguna vez existiera interés en continuar explorándolo.
Ese equilibrio es importante. Una serie perteneciente a un universo mayor no debería obligarnos a consumir otros cinco productos para entenderla ni terminar únicamente con la misión de anunciarnos aquello que veremos después.
El Pingüino consigue pertenecer a Gotham sin convertirse en publicidad para Gotham. Y dentro del modelo actual de grandes franquicias, eso ya supone una diferencia considerable.
Una Gotham extraordinaria, aunque no sea mi universo favorito
A nivel técnico y visual hay muy poco que discutir. La Gotham que encontramos aquí mantiene buena parte de la personalidad establecida por The Batman: calles húmedas, interiores cargados, oscuridad permanente y una ciudad que parece encontrarse constantemente al borde del colapso.
Personalmente, este universo nunca ha sido uno de mis favoritos. Esa oscuridad constante termina cansándome y siempre he conectado más con aproximaciones algo diferentes al personaje y a su entorno. Curiosamente, una de las versiones televisivas de Gotham que más disfruté fue precisamente Gotham, que utilizaba un tono y una evolución de personajes muy distintos.
Pero una preferencia personal no debería impedir reconocer lo evidente. La construcción visual de El Pingüino es magnífica. La ciudad tiene presencia propia y contribuye constantemente a explicar quiénes son estos personajes y por qué actúan como lo hacen.
No parece simplemente un decorado alrededor de la historia. Gotham forma parte de ella.
Colin Farrell desaparece dentro de Oz Cobb
Es imposible hablar de la serie sin detenerse en Colin Farrell. Su transformación como Oz Cobb continúa siendo espectacular y resulta sorprendente comprobar hasta qué punto desaparece prácticamente cualquier rastro reconocible del actor.
Pero reducir su trabajo al maquillaje sería tremendamente injusto. Las prótesis ayudan a construir el aspecto del personaje, pero después hace falta una interpretación capaz de sostener horas de televisión bajo todas esas capas.
Farrell consigue darle forma a un personaje incómodo, ambicioso y tremendamente manipulador sin convertirlo únicamente en una caricatura de villano. Hay momentos donde incluso podemos acercarnos a comprender determinadas decisiones antes de recordar inmediatamente de quién estamos hablando.
Precisamente ahí aparece una de las cuestiones que más me interesa. Personalmente sigo teniendo dudas sobre si una transformación física tan extrema ayuda siempre a conectar con el actor. En determinados momentos echo de menos la expresividad directa que ofrece un rostro menos condicionado por prótesis.
Pero el resultado global funciona. Y funciona muchísimo.
Cristin Milioti demuestra que esta no es una serie de un solo personaje
Uno de los errores más fáciles habría sido construir ocho horas alrededor de Colin Farrell y utilizar al resto únicamente para facilitar su ascenso. Afortunadamente, El Pingüino entiende que un protagonista mejora cuando los personajes que tiene enfrente también poseen peso propio.
Y ahí aparece especialmente Cristin Milioti como Sofia Falcone.
Su personaje no funciona simplemente como obstáculo para Oswald. Tiene historia, motivaciones, personalidad y una presencia capaz de competir directamente con el protagonista. Durante determinados momentos es perfectamente capaz de apropiarse completamente de la serie.
Algo parecido ocurre, desde una posición muy diferente, con Rhenzy Feliz como Victor Aguilar. Su relación con Oswald permite enseñar facetas diferentes del personaje y proporciona además uno de los principales puntos emocionales de la historia.
Cuando los secundarios dejan de parecer piezas colocadas alrededor del protagonista y empiezan a tener vida propia, la serie crece enormemente. El Pingüino sería bastante menos interesante sin Sofia y Victor.
Una historia de Gotham que no necesita a Batman
Quizá el aspecto más sorprendente sea comprobar hasta qué punto Batman deja de ser necesario.
Estamos dentro de Gotham. Todo aquello que ocurre pertenece inevitablemente a un mundo asociado al Caballero Oscuro. Pero la serie no necesita recurrir continuamente a referencias, apariciones o recordatorios para mantener nuestro interés.
En realidad, casi funciona mejor precisamente porque no lo hace.
Eso permite que Oswald y el resto de personajes dispongan de espacio suficiente para construir su propia historia. Si Batman apareciera constantemente sobrevolando el relato, probablemente todo terminaría convertido nuevamente en una espera hasta que llegara el héroe.
Aquí no ocurre eso. El conflicto importa por sí mismo.
Y esa decisión demuestra algo especialmente interesante: Gotham es suficientemente rica como para sostener historias criminales, políticas y personales sin depender siempre del personaje alrededor del que nació todo ese universo.
DC funciona mejor cuando deja de obsesionarse con construir universos
Durante años una parte importante del cine y la televisión de superhéroes ha vivido obsesionada con conectar productos. Cameos, escenas finales, personajes que aparecen para preparar otra película y series cuyo principal objetivo parece ser colocar una nueva pieza dentro de un gigantesco tablero.
El Pingüino funciona justamente porque evita buena parte de ese comportamiento.
Existe una conexión evidente con The Batman, pero no necesitas convertir cada episodio en un catálogo de referencias. La serie se preocupa primero por construir su propia historia y después por recordar al espectador que pertenece a una franquicia conocida.
Personalmente, ese es el camino que más me interesa para este tipo de producciones. Prefiero una buena serie ambientada dentro de DC a una serie mediocre cuyo único mérito consiste en conectar perfectamente con cinco películas futuras.
La continuidad puede enriquecer un universo. Nunca debería sustituir a una buena historia.
El problema de hacer demasiado bien un personaje secundario
El éxito creativo de El Pingüino genera además una situación bastante curiosa. Oz Cobb ha recibido muchas más horas de desarrollo que las que habría tenido simplemente apareciendo como secundario dentro de una película.
Ahora conocemos mejor sus motivaciones, sus relaciones y, sobre todo, hasta dónde está dispuesto a llegar. El personaje sale de la serie considerablemente más grande que cuando entró.
Eso puede convertirse en una ventaja enorme para cualquier aparición posterior dentro de este universo. Ya no sería necesario dedicar demasiado tiempo a explicar quién es ni qué representa.
Pero también demuestra hasta qué punto una buena serie puede transformar la percepción de un personaje inicialmente secundario. Después de pasar tantas horas con él, Oswald deja de sentirse como el villano que aparece alrededor de Batman y empieza a convertirse en protagonista de su propia historia.
Una de las grandes sorpresas de su año
El Pingüino no parecía llamada a convertirse en una serie especialmente importante. Todo indicaba que sería una extensión competente de The Batman, un producto destinado fundamentalmente a quienes ya estaban interesados en ese universo.
Terminó siendo mucho más.
Tiene una producción magnífica, un Colin Farrell completamente entregado al personaje, una extraordinaria Cristin Milioti y suficientes secundarios bien construidos como para que la historia nunca dependa exclusivamente de una sola interpretación.
También tengo mis reservas. El tono permanentemente oscuro de Gotham continúa sin ser uno de mis favoritos y sigo pensando que determinadas decisiones relacionadas con la transformación física de Farrell pueden limitar parte de la conexión directa con el actor.
Pero ninguna de esas cuestiones cambia la conclusión principal.
El Pingüino no es solamente una buena serie de DC. Es una buena serie.
Y probablemente ese sea el mayor elogio posible. Porque significa que puede defenderse sin escudarse detrás de Batman, de una franquicia multimillonaria o del reconocimiento previo de sus personajes.
Empezó pareciendo un proyecto secundario y terminó demostrando que, algunas veces, los personajes que viven en los márgenes son precisamente quienes tienen las historias más interesantes que contar.
Más adelante ampliamos esta valoración en un análisis sobre cómo El Pingüino expande el universo de The Batman.
Si te interesan los dramas criminales centrados en el poder y las familias, también puedes leer nuestra crítica de MobLand (Tierra de mafiosos).
Esta crítica también está disponible en inglés, en nuestro análisis de The Penguin con Colin Farrell.
