Arranca nueva temporada con resumen de julio
Un verano con menos pantalla, pero con mucho que comentar
La nueva temporada de Los Postcréditos arranca después de un mes de vacaciones y lo hace mirando hacia atrás. Julio no ha sido especialmente intenso en cuanto a series y películas, al menos si lo comparamos con otros momentos del año, pero sí ha dejado suficientes estrenos, regresos y decepciones como para hacer balance.
Curiosamente, ha sido uno de los meses en los que más veces he ido al cine en mucho tiempo. Tres películas en una misma temporada vacacional no parece una cifra especialmente elevada, pero en mi caso sí lo es. Normalmente prefiero esperar a que los estrenos lleguen a las plataformas, tanto por el precio de las entradas como por una cuestión puramente logística. Sin embargo, este verano ha habido algunos títulos que me han hecho salir de esa rutina.
El resultado ha sido un mes extraño: algunas producciones esperadas durante mucho tiempo han terminado quedándose por debajo de las expectativas, mientras que otras, de las que prácticamente no esperaba nada, han conseguido sorprenderme. También ha habido series que siguen alargando una historia que ya parecía cerrada y otras que, pese a sus defectos, todavía conservan motivos para continuar acompañándolas.
📊 Vista Rápida
🎬 Concepto: Balance personal de las series y películas vistas durante julio.
🧠 Enfoque: Recomendaciones, decepciones y primeras impresiones de varios estrenos.
⚡ Tono: Personal, crítico y sin convertir el artículo en una simple lista de títulos.
⭐ Nivel: Un mes irregular, con pocas obras realmente sobresalientes.
🧩 Contexto: Inicio de una nueva temporada y regreso a la rutina tras las vacaciones.
Lioness y el exceso de protagonismo de Taylor Sheridan
La tercera temporada de Lioness ha sido uno de los regresos más importantes del mes. Es una serie que me gusta, aunque parte con dos condicionantes que dificultan mi relación con ella. El primero es su componente bélico, un género que nunca ha estado entre mis favoritos. El segundo tiene nombre propio: Taylor Sheridan.
Como creador, guionista y director, Sheridan me parece uno de los nombres más interesantes de la televisión actual. Su universo alrededor de Yellowstone demuestra que tiene una mirada muy reconocible y una gran capacidad para construir historias ambiciosas. El problema aparece cuando decide colocarse también delante de la cámara y concederse un protagonismo cada vez mayor.
Ya ocurrió en las últimas temporadas de Yellowstone, donde su personaje pasó de ser una aparición puntual a ocupar un espacio que no siempre parecía necesario. Ahora vuelve a suceder en Lioness. Sheridan aparece interpretando a una figura militar con suficiente peso como para terminar desviando parte de la atención.
El inconveniente no es únicamente que salga demasiado, sino que su presencia acaba convirtiéndose en uno de los principales temas de conversación. En lugar de hablar del desarrollo de la temporada, de sus personajes o de su conflicto central, terminamos hablando de Taylor Sheridan. Y eso, aunque nazca de su propia decisión, termina jugando en contra de su producto.
Su faceta como director y creador me sigue pareciendo mucho más interesante que su trabajo como actor. Cuando se mantiene detrás de las cámaras, sus producciones suelen ganar. Cuando decide colocarse en el centro, el resultado empieza a parecer un ejercicio de protagonismo difícil de justificar.
Obsesión: cuando las expectativas juegan en contra
Obsesión ha sido una de esas películas que llevaba esperando durante buena parte del verano. No pude verla durante su estreno cinematográfico y terminé recurriendo al alquiler digital. Después de tanto tiempo pendiente de ella, era inevitable que las expectativas hubieran crecido por encima de lo razonable.
La película no es un desastre. Funciona como propuesta de terror, tiene momentos inquietantes y utiliza el sonido de una manera bastante efectiva. De hecho, verla con auriculares ayuda mucho a entrar en su ambiente. Hay ruidos, respiraciones y pequeños efectos sonoros que buscan incomodar al espectador y que pierden buena parte de su fuerza cuando se reproducen sin atención.
También es una película muy oscura, tanto en su fotografía como en su planteamiento. Eso puede ayudar a construir la atmósfera, pero también dificulta la experiencia y provoca que algunos momentos no tengan el impacto visual que deberían.
El principal problema es que llega después de haberla idealizado demasiado. Comparada con otras propuestas recientes de terror, se queda en una zona correcta, pero poco memorable. No es una mala película, aunque tampoco es ese gran título que podía parecer después de tantos meses esperándola.
Los creyentes y el valor de una película sencilla
Los creyentes ha seguido el camino contrario. Se trata de una película bastante convencional, construida a partir de mecanismos reconocibles y con una estructura de thriller que parece salida de un manual. No reinventa nada, no arriesga demasiado y tampoco intenta ocultar sus referencias.
Aun así, me sorprende que haya recibido valoraciones tan bajas. Dentro de sus limitaciones, es una producción entretenida, fácil de seguir y suficientemente competente como para alcanzar el aprobado. No todas las películas tienen que transformar el género ni convertirse en una experiencia inolvidable. Algunas únicamente buscan mantener el interés durante su duración, y Los creyentes cumple razonablemente con ese objetivo.
Es previsible y utiliza muchos clichés, pero no me parece el desastre que reflejan algunas críticas. A veces penalizamos demasiado las películas sencillas por no ser algo que nunca han pretendido ser.
Supergirl: una decepción difícil de defender
En el extremo opuesto aparece Supergirl. Sabía que las expectativas debían ser bajas, pero incluso partiendo de esa precaución el resultado ha sido peor de lo esperado. Es una película con problemas de guion, de producción, de tono y de identidad. Cuesta encontrar un elemento que consiga sostener el conjunto.
El problema es todavía mayor al tratarse de un estreno que actualmente depende del alquiler digital. Pagar de manera individual por una película así puede provocar una decepción considerable. No estamos ante una obra irregular con algunas ideas interesantes, sino ante una propuesta que parece fallar en casi todas sus decisiones.
Hay películas que pueden salvarse por sus personajes, por una secuencia concreta, por su apartado visual o incluso por su capacidad de entretener pese a sus defectos. En este caso resulta complicado encontrar esa tabla de salvación. Es, probablemente, una de las grandes decepciones cinematográficas del mes.
Spider-Man: Brand New Day y el agotamiento de los postcréditos
Spider-Man: Brand New Day ha sido una experiencia completamente diferente. Me parece una muy buena película y podría situarse entre las mejores entregas cinematográficas del personaje. Tiene ritmo, espectáculo y suficientes elementos para justificar el paso por una sala de cine.
Sin embargo, hay algunas decisiones que no terminan de convencerme. La principal tiene que ver con el espacio concedido a Jon Bernthal y, especialmente, con la manera en que se presenta a Punisher. Bernthal es un actor que me encanta y su interpretación del personaje ha sido una de las más potentes del universo Marvel. Precisamente por eso cuesta aceptar una versión más infantilizada, suavizada y adaptada al tono familiar de Disney.
El personaje pierde parte de la dureza que lo define. No es una cuestión de pedir violencia gratuita, sino de conservar su identidad. Punisher funciona porque es incómodo, extremo y difícil de encajar dentro de la moral del resto de superhéroes. Cuando se rebaja demasiado esa personalidad, deja de parecer Punisher.
Pero la mayor decepción llegó después de la película. Las escenas postcréditos de Marvel han perdido buena parte del sentido que tuvieron en sus primeras etapas. Antes eran pequeñas recompensas, fragmentos capaces de abrir nuevas historias o cortos de uno o dos minutos que realmente justificaban la espera.
Ahora, con demasiada frecuencia, obligan al espectador a permanecer siete, ocho o incluso diez minutos en la sala para recibir apenas unos segundos de contenido irrelevante. En Spider-Man: Brand New Day, esta sensación alcanza uno de sus peores momentos. Después de una película notable, los postcréditos dejan un sabor de boca innecesariamente negativo.
Quizá haya llegado el momento de replantear esta tradición. No tienen que desaparecer, pero sí recuperar su valor. Mantenerlos únicamente porque el público espera que estén ahí termina convirtiéndolos en una obligación vacía.
Ravalear: una historia cercana y una interpretación enorme
Ravalear ha sido una de las mejores experiencias del mes. La serie, disponible completa en HBO Max, parte de una historia real y se sitúa en un entorno que conozco especialmente bien. Está rodada en Barcelona, en el barrio del Raval, y refleja una problemática reconocible para cualquiera que haya vivido o se haya movido por esa zona.
Ese vínculo personal impide que pueda acercarme a la serie desde una neutralidad absoluta. Reconozco las calles, el ambiente, los conflictos y buena parte de la realidad que intenta representar. Eso genera una conexión inmediata, aunque el producto también tiene suficientes virtudes para funcionar más allá de esa cercanía.
Su mayor problema está en la forma de grabarla. La propuesta visual y algunos recursos de producción pueden resultar difíciles de asumir durante los primeros episodios. Es una barrera que exige cierta adaptación. Superado ese punto, el guion y los actores terminan imponiéndose.
Enric Auquer realiza un trabajo extraordinario. Su personaje crece progresivamente y su interpretación acompaña esa evolución. Comienza desde un registro aparentemente contenido y va aumentando la intensidad hasta alcanzar momentos realmente potentes. A su alrededor encontramos muchas caras conocidas del audiovisual local y un reparto que entiende perfectamente el tono de la historia.
También existe una cuestión relacionada con el idioma. Para quienes conocemos el catalán y estamos familiarizados con las voces originales, escuchar un doblaje puede generar una sensación extraña. Personalmente, me resulta difícil soportar el doblaje de una producción que reconozco como cercana y rodada originalmente en catalán. Siempre que sea posible, la versión original parece la mejor opción.
Pese a sus particularidades formales, Ravalear es una serie muy recomendable. Su historia, su reparto y su capacidad para representar una realidad concreta la convierten en uno de los títulos más valiosos de este repaso.
El drama y el riesgo de confundir rareza con profundidad
El drama, protagonizada por Zendaya y Robert Pattinson, ha sido una de las películas que menos me han convencido. Tiene una valoración alta y reúne a dos intérpretes importantes, pero su propuesta resulta excesivamente extraña y distante.
No es una película vacía. Tiene ideas, decisiones interesantes y una personalidad propia. El problema es que su rareza termina imponiéndose a todo lo demás. Hay obras que utilizan una estructura poco convencional para reforzar lo que quieren contar. En este caso, esa forma termina creando una distancia difícil de superar.
Zendaya y Pattinson sostienen buena parte de la experiencia, pero la película parece más interesada en resultar peculiar que en conectar emocionalmente con el espectador. Esa decisión puede fascinar a una parte del público, pero a mí me dejó fuera.
Emma, Turno de noche y El día de la Revelación
Emma partía con unas expectativas muy bajas y, quizá precisamente por eso, consiguió sorprenderme. Es una adaptación bastante fiel de su material original, con personajes bien caracterizados y una selección musical especialmente acertada.
La película como conjunto es irregular y su historia difícilmente puede considerarse brillante, pero contiene suficientes momentos simpáticos, referencias y apariciones inesperadas como para situarse por encima de lo que esperaba. No llega a convertirse en una recomendación imprescindible, aunque tampoco merece ser descartada de manera automática.
Turno de noche, por su parte, es una película mucho más modesta. Tiene gore, sangre y una propuesta directa, pero no pretende ir demasiado lejos. Es una producción de consumo rápido, sencilla y sin demasiadas ambiciones. No decepciona porque tampoco genera grandes expectativas.
Mucho peor parado sale El día de la Revelación. Una película de Spielberg relacionada con alienígenas genera inevitablemente una gran expectación. El problema es que la propuesta utiliza esa premisa como reclamo sin llegar a desarrollarla de una manera satisfactoria.
Es como entrar en una pescadería esperando encontrar pescado y descubrir que únicamente queda el olor. La película habla de alienígenas, construye su misterio alrededor de ellos y juega continuamente con su posible aparición, pero apenas ofrece nada concreto. Cuando finalmente muestra algo, lo hace de manera tan breve que la sensación es la de haber esperado durante toda la película para recibir una recompensa mínima.
Series que se alargan más de lo necesario
Uno de los grandes temas de este mes ha sido el agotamiento de varias series que, en algún momento, me interesaron mucho más. El problema no siempre está en la calidad técnica. Algunas continúan teniendo buenos actores, presupuesto y escenas importantes. Lo que se ha perdido es la implicación emocional.
Silo es el ejemplo más claro. Su primera temporada funcionaba perfectamente como una historia cerrada o, al menos, como una introducción con suficiente personalidad. La segunda repitió demasiadas dinámicas y la tercera ha incorporado de manera masiva una trama situada fuera del silo y en el pasado.
Entiendo la necesidad de ampliar el universo y explicar cómo se llegó hasta esa situación, pero al hacerlo se rompe parte de la esencia de la serie. El silo no era únicamente el escenario: era el concepto central. Sacar demasiado la historia de ese espacio provoca que el producto pierda aquello que lo hacía especial.
Lo más preocupante es que siguen ocurriendo acontecimientos importantes y, aun así, ya no me generan interés. Puedo reconocer que una revelación es potente o que una escena debería cambiar el rumbo de la historia, pero emocionalmente me da igual. Cuando una serie alcanza ese punto, el problema no está en lo que cuenta, sino en todo el tiempo que ha tardado en contarlo.
La Agencia también se encuentra en una situación complicada. La primera temporada ya me pareció lenta y aburrida. La segunda cuenta con intérpretes como Michael Fassbender o Richard Gere, pero sigue atrapada en un universo en el que parece que prácticamente todo el mundo es un espía.
Hay espías vigilando a espías, operaciones dentro de otras operaciones y estructuras que se complican hasta el agotamiento. La serie confunde densidad con profundidad y termina siendo más pesada que intrigante.
La Casa del Dragón tampoco ha conseguido recuperarme como espectador. Volví a ella intentando reengancharme, pero el ritmo y el peso constante de los dragones siguen alejándome. Evidentemente, criticar la presencia de dragones en una serie construida alrededor de ellos puede parecer contradictorio, pero precisamente ahí está el problema: el elemento central de la producción es también lo que menos me interesa.
From, 33 días y otras series en marcha
La cuarta temporada de From me ha gustado, aunque no de manera completa. La introducción de cierto personaje femenino me parece una decisión demasiado conveniente, una especie de recurso que permite a los guionistas hacer lo que necesitan sin respetar del todo las reglas que la propia serie había construido.
También me decepcionó el episodio final. Después de una temporada con momentos interesantes, esperaba un cierre mucho más potente. La serie tenía la oportunidad de terminar muy arriba y, en cambio, optó por una conclusión que no estuvo a la altura.
33 días, disponible en Atresplayer, parte de una historia real muy conocida. Al haber sucedido en mi ciudad y haber seguido tanto las noticias como el reportaje original, llegué a la ficción demasiado condicionado. Sabía qué había ocurrido, conocía a sus protagonistas y tenía muy presente la manera en que se había contado el caso.
A pesar de eso, la serie funciona. No me parece una obra extraordinaria, pero sí una adaptación suficientemente sólida y recomendable. Lograr mantener el interés de alguien que ya conoce todos los acontecimientos tiene mérito.
Entre las series que todavía tengo en marcha aparece Lugar, que se quedó detenida en el tercer episodio. Es una producción que ofrece muchas cosas interesantes hasta que cruza una línea y comienza a resultar excesiva. También está la quinta temporada de The Bear, todavía pendiente y preparada para ocupar parte del regreso a la rutina.
Orgullo está siendo una sorpresa moderadamente positiva. Su ambientación polaca, el idioma y el hecho de no reconocer a ninguno de sus actores crean cierta distancia inicial. Sin embargo, el argumento tiene giros interesantes y suficiente personalidad para mantenerme dentro de la historia.
Lucky comenzó como una serie entretenida, aunque su cuarto episodio ha encendido algunas alarmas. Una conversación excesivamente larga entre los protagonistas intenta alcanzar una intensidad emocional que, al menos en mi caso, no consigue transmitir. Habrá que ver si se trata de un tropiezo puntual o de un cambio de dirección.
Una nueva temporada con el objetivo de recuperar el ritmo
Este repaso no solo sirve para cerrar julio. También marca el comienzo de una nueva temporada de Los Postcréditos. El proyecto ha pasado por diferentes nombres y formatos durante los últimos años, desde Cine Itek hasta Filmoteca 305, dentro de un recorrido que comenzó mucho antes incluso de la llegada del podcast.
La intención para esta temporada es recuperar la regularidad. La anterior quedó demasiado abandonada y ni siquiera alcanzó los cien episodios, una cifra que normalmente se superaba con facilidad. No se trata de publicar por obligación ni de grabar únicamente para aumentar el contador, sino de mantener al día las opiniones sobre lo que voy viendo.
El podcast sigue siendo probablemente el formato que más disfruto dentro de todo lo que forma Los Postcréditos. Permite hablar con libertad, relacionar unas obras con otras y desarrollar sensaciones que a veces no encajan en una crítica convencional.
Julio ha sido un mes irregular, con algunas películas muy por debajo de lo esperado, series que muestran signos claros de agotamiento y títulos como Ravalear que recuerdan por qué seguimos buscando nuevas historias. No ha sido el mejor mes del año, pero sí un punto de partida perfecto para volver a hablar de cine y televisión.
La nueva temporada comienza aquí. Con las mismas ganas de descubrir, recomendar, discutir y, cuando sea necesario, señalar todo aquello que no funciona.
Si quieres seguir nuestras conversaciones en audio, puedes encontrar los programas y las plataformas disponibles en la página del podcast de Los Postcréditos.
Sobre dos de los asuntos que aparecen en este repaso puedes leer más: por qué Lioness destaca en el panorama de series y los problemas de mantener las ficciones más allá de su momento ideal.
Si quieres recuperar el contexto anterior a esta nueva etapa, puedes leer también nuestra despedida de temporada y los cambios que planteábamos.
